Yo tengo mi feliz entrada de año en los primeros días de diciembre, cuando voy
a la papelería de mi barrio y yo solito, me compro el recambio de agenda
Luxindex, de seis agujeros
Cada
uno celebra el año nuevo cuando quiere, donde quiere y como quiere. Yo suelo
felicitar eso del año nuevo en los momentos más inverosímiles del año. Por
ejemplo. Al casetero de la Feria , le felicito en Abril. Al vecino de sombrilla
en la playa de Rota lo felicito en Agosto. Y así… Para una gran mayoría, el
momento solemne, el momento emocionante, bien sea en familia rodeado de cuñados
y sobrinos, o bien en un cotillón rodeado de señores y señoras bastante
estupidillos por cierto, es el de las doce uvas, situación que tiene una serie
de lecturas: Vaya entrada de año para el que no le gustan las uvas, para el que
se atragantó, para el que no pudo con todas y se dejó tres en el plato, etc. ¡Y,
luego, vengan abrazos y besos hipócritas…!
Yo tengo mi feliz entrada de año en los primeros días de diciembre, cuando voy a la papelería de mi barrio y yo solito, me compro el recambio de agenda Luxindex, de seis agujeros, antes de día por página, ahora de semana vista. Y no es porque trabaje menos, sino porque la vida me ha enseñado a ir abreviándolo todo. Y cuando regreso a casa y le quito el plástico al recambio y lo coloco entre las portadas de mi agenda de sobremesa, repaso las páginas con esos nuevos trescientos sesenta y cinco días que se presentan ante mí en blanco, en un gesto de amabilidad y afecto, como entregándose para ayudar a ser rellenados y ser vividos con alegría, ilusión y buenos proyectos. Esa es la primera, silenciosa, respetuosa y, desde luego, sincera felicitación que yo recibo cada año. Y el año, recibe la caricia de mi mano sobre el papel… Que pueda llenaros todos uno a uno –pienso en ese momento.
Lo mismo le deseo a todos aquellos que en estos días estrenan recambio de cualquier tipo de agenda, aunque la mía sea Luxindex, de seis perforaciones y semana vista…

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