sábado, 2 de mayo de 2015

Anne Todd.




Esa tarde tenía que hacer algunas gestiones por el centro. Tomé el 40 en San Jacinto y me dejé llevar a Sevilla, con esa vuelta de “tour operator” que supone Pagés del Corro, Plaza de Cuba, parón interminable en Puente de San Telmo, que antes era levadizo (no se qué es peor), vuelta a recorrer las mismas latitudes y longitudes geográficas por el Paseo de Colón, hasta llegar de nuevo a la otra esquinita del Puente de Triana. Vale. Yo acepto toda esta vuelta a cambio de haber ganado la zona peatonal de San Jacinto donde tan a gusto se pasean tantos amigos trianeros, como Angel Vela. Pues aquella tarde, cuando dejé el 40 en la Magdalena, en la puerta del Corte, que te bajas del autobús y te meten en las rebajas directamente, me fui tranquilo por O´Donnel dirección Campana. Al pasar por el reloj de la antigua y desaparecida “Casa sin balcones”, no tengo más remedio que recordar a mi amigo, compañero y gran fotógrafo Manolo Ruesga, que en aquella legendaria tienda me vendió un tomavistas “Eumig” de Super-8. Y vuelvo a observar cómo el reloj sigue impertérrito en las ocho menos cuarto, incluso un poquito menos. 

Bien. Pues cuando llego al final de la calle me encuentro con una inesperada cola formada por adolescentes, totalmente troqueladas al uso, que se iniciaba en la Campana y llegaba hasta yo no sé dónde. Mismos aspectos, mismos vestuarios, mismos teléfonos móviles y un mismo libro. No sé cual era. Una lo llevaba asomando por la mochila. Otra, bajo el brazo. Otra entre las piernas. Otra lo enarbolaba mientras se lo mostraba a alguien. Preocupado y cual si fuera una hormiguita, decidí seguir el rastro. Así llegué hasta la puerta de “La Casa del Libro”.

Entré y saludé a mis amigos los responsables de la casa. Hablamos. 

–Mira lo que son los fenómenos mediáticos…
–Si, bueno. Como las sombras de Grey, como el Código da Vinci, como el Señor de los anillos. Lo que nos mandan desde allá arriba y desde las puñeteras redes… Y luego agárrate a que cualquier imbécil te diga:
–¡¿Qué no lo has leído?!
Y tú te quedas un segundo en silencio.
–¡Pero, bueno! ¿En qué mundo vives? -Te remacha el imbécil de turno, hasta que tú reaccionas.
  Pues, no… No lo he leído. Ni lo pienso leer. ¿qué pasa?

La verdad es que, en el fondo, prefiero que este ejército de adolescentes hagan colas para leer que para otras cosas… Lo malo es lo que te dan envuelto en esos libros que, no sé por qué, siempre suelen ser muy gordos.

Digo yo que si los hiciesen más pequeñitos podrían escribir más y vender más… Pero bueno. El que la lleva la entiende.

También habría que saber luego, cuantas de estas adolescentes de la cola van a llegar hasta el final del libro… Y por qué. O han jugado a ser progres comprando el libro y viniendo a que te lo firme la autora que tiene los mismos años que ella, que se casó al terminar la carrera, que tiene veinte y pico de años y que se hace selfis con los compradoras sacando la lengua…

Pienso que todo esto se consigue a través de las redes. Y no se por qué las llaman sociales, porque a veces son antisociales. Pero bueno…

Podríamos hablar de las modas y la cultura al dictado… Pero lo dejo para otro día.
La mierda de la aldea global no se a donde nos va a llevar…

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